miércoles, 28 de enero de 2026
Parecen venir de otro mundo
Una Rollei 35 cabe en el bolsillo de un pantalón suelto o de una campera. Cuando salió, en 1966, dejó a la gente con la boca abierta. ¿Cómo se podían hacer fotos con una cosa tan diminuta? Tiene un diseño sofisticado y una matricería de precisión, pero es básica en sus controles. Y un poco imprevisible. Hace lo que quiere con el foco, los encuadres y en general con las intenciones de quien la dispara. Les da a las imágenes, además, una impronta de época. Las fotografías de una Rollei 35 parecen venir de otro mundo. De uno quizás no tan desconcertante o inasible.
La mía tenía invasiones de luz y fallas en el arrastre. La película no quedaba completamente plana en el momento del disparo y esa ondulación ínfima hacía que aparecieran unos fantásticos desenfoques aleatorios.A principios de un verano la dejé en las manos sanadoras de @carlosfotim. Pasó el invierno sin novedades, pero a finales de la siguiente primavera estaba lista y con garantía. Fui a buscarla atravesando otra vez la ciudad y los suburbios soleados con calles de macadam.
Para poner la película, a la Rollei 35 prácticamente hay que destriparla. El procedimiento exige un mínimo de concentración y cuidado. Estoy a punto de asegurarles que esa pequeña dificultad está cargada de sentido, pero lo cierto es que al ser tan pequeña tuvieron que inventar un mecanismo enrevesado para que todo entre y funcione. El peso de una Rollei 35 es exacto. Tan ligera como para que no sea una carga, pero con el peso suficiente para que uno sepa que la lleva encima y mire algunas cosas de un modo particular.
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