sábado, 18 de julio de 2009

Tres centímetros hacia un costado

Una vez di cinco vuelcos arriba de un auto fuera de control y estuve un mes sin poder ir al trabajo. Funcionó: mi ánimo estaba tan frágil como mi columna, pero ni el dolor ni el miedo pudieron con la felicidad de volver de la muerte y no tener que ir a trabajar de inmediato. Mis amigos me llamaban y yo les aseguraba que estaba bien, muy bien, y antes de colgar les decía en un susurro me gustaría compartir contigo la palabra de Cristo; se hacía un silencio y entonces yo me reía como un loco.
Fueron días extraños. Tal vez sepan de qué les hablo. Como si alguien hubiera subido de pronto el volumen. O tuvieses una lupa delante de los ojos, todo el tiempo. Las cosas sólo parecían iguales. Incluso mi casa; como si los muebles, los enchufes, las puertas, todo se hubiese corrido, no sé, pongamos tres centímetros hacia un costado.
Los días recientes me recordaron aquel tiempo. Tal vez fue la peste y seguro tuvo que ver que no había que cumplir horario en mi trabajo (lo bueno de las pandemias es que uno puede faltar sin que lo despidan). Estuve yendo a hacer las notas en moto. En los semáforos me miré de reojo con melancólicos choferes de barbijo. Las calles habían cambiado y pasaban cosas como ir a cortarte el pelo y que te regalen una impecable y diminuta olympus de los 70, acaso la única cámara capaz de hacerme cargar, de nuevo, 35 milímetros. Hice una nota en un hospital desolado del gran buenos aires. El sábado pasado, trabajando para la revista, viajé y estuve horas mirando el cielo con un grupo encantador de observadores de ovnis y humanoides. Después abrí un correo y leí que yo había ganado un concurso importante. Lo creí y lo festejé, pero si me lo hubiese comunicado el enano en traje rojo de twin picks, no me hubiese asombrado en absoluto. Y cuando se levantó la veda de espectáculos fuimos con mi mujer a ver a Cat Power y me pareció maravilloso pero de lo más normal que alguien cante y su voz no se parezca a nada. Tampoco que dé los más torpes, conmovedores pasos de muñeca rota que haya visto.
Mañana vuelvo al trabajo de siempre, es una pena. Cuando pongo este punto final las cosas aun no han vuelto a su sitio.

1 comentario:

Gabriela Fernandez dijo...

Los tres quedamos corridos de registro después del revolcón...igual antes no encajábamos tampoco.
La CAT sin dudas sabe lo que es volcar y quedar corrida 3 centímetros de lugar.